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jueves, 12 de mayo de 2016

Imperios........ Romano......



Árbol genealógico de los emperadores antoninos.



Introducción:

  Dinastía antonina:




La dinastía Antonina fue la casa reinante en el Imperio romano entre los años 96 y 192 (siendo 96 años, y por tanto la dinastía más longeva). También se conoce a sus cinco primeros miembros por el nombre de los Cinco emperadores buenos, nombre propuesto por Maquiavelo y promocionado por el historiador Edward Gibbon, de cuyos principados dijo fueron "la época más feliz de la historia de la humanidad".

El término antonino proviene no del primer emperador de la familia, sino de Antonino Pío. Ha retenido esta forma porque el reinado de este monarca es el mejor modelo y reúne las características de los demás reinados.

La primera característica identitaria de esta dinastía, la cual garantizó su supervivencia por 84 años con cinco emperadores notables, era la elección de un sucesor por parte del gobernante. Como la mala suerte (o la fortuna) no le proporcionó herederos a Nerva, Trajano, Adriano ni Antonino Pío, el trono pasó en cada caso no en sucesión hereditaria sino a un hombre considerado por el emperador como el mejor para el puesto. 

Mal considerado tras el restrictivo reinado de Domiciano, al que su padre Vespasiano había asociado al trono, el principio de herencia del trono se mantuvo olvidado en los cinco primeros mandatos. Sólo Marco Aurelio romperá la tradición al nombrar a su hijo Cómodo, que sería, por otra parte, uno de los peores emperadores de Roma.

Se puede dar explicación al hecho de la elección arbitraria del sucesor admitiendo que ésta no fue la norma por defecto sino que, hecho excepcional, cuatro emperadores no tenían descendencia masculina en el momento de su muerte. El acceso al trono de Cómodo, que resultó nefasto, confirma esta idea. Las teorías más recientes, tales como la de Alicia Canto, o posteriormente François Chausson, descartan la idea de propaganda antonina de "elección del mejor": los Antoninos estaban emparentados por sangre con sus hijos adoptivos, que solían ser su heredero varón más próximo.

 El imperio seguía constituyendo, como con los Julio-Claudios, los Flavios o posteriormente los Severos, un bien patrimonial que sería legado al pariente menos alejado. Marco Aurelio no hizo más que obedecer a esta lógica heredada, y no a una "debilidad" paternal, tradicionalmente alegada, al asociar a su hijo Cómodo al trono.

Esto no explica que al parecer los herederos fueran elegidos y no nacieran con la púrpura, así como que resultaron ser tan capaces como sus predecesores, resultando los cinco buenos emperadores. Ni que ellos llevaran al Imperio romano al apogeo de su poderío y estabilidad ante los problemas que observaron durante cien años, y que apenas tras la muerte de Cómodo se viera finalizado el Principado, y surgiera un imperio novel, burocratizado, jerarquizado a ultranza y militarizado hasta el extremo.


 Política exterior:


Heredero del creado por Augusto, el ejército romano de los Antoninos es un útil bastante eficaz que cuenta sus misiones por victorias, a pesar de sus reducidos efectivos.

El ejército romano está compuesto, antes de las guerras danubianas de Marco Aurelio, por 28 legiones (cifra idéntica a la del comienzo del principado de Augusto, lo que demuestra una preocupación por la estabilidad según Paul Petit). Con los cuerpos auxiliares, cerca de 350.000 soldados cubren una extensión de aproximadamente 6.000.000 km² en total (densidad media: 17,14 km²/soldado). Los efectivos para un territorio tan extenso son muy débiles. Más grave si puede ser es que ninguna legión guardaba las fronteras: las reservas estratégicas del Imperio eran en esta época las 5500 unidades de la VII Gemina asentada en la Tarraconense (norte de España).

Sin embargo, se estima que estos 350.000 soldados representan el 0,85% de la población libre y entre el 3 y 4% de los ciudadanos o el 0,4% de la población total. Estas cifras son impresionantes, porque no debemos olvidar que todos ellos formaban parte del ejército regular y permanente, para hacerse una idea de la comparación, en Francia serían 240.000, tomando el porcentaje de la población total.

Lo que este ejército no puede acometer en cuanto a cantidad (los soldados están dispersos por las fronteras) lo hace en cuanto a calidad. Los soldados son en realidad profesionales voluntarios. Los suboficiales son igualmente soldados de oficio, y si el cuerpo de oficiales superiores no es también profesional, se muestra una especial atención en la elección de Tribunos y Legados (con Adriano particularmente). 

Esta época ve sin embargo un fenómeno ya antiguo de gran importancia: la regionalización de las tropas, reclutadas en el lugar donde están asentadas. Ciertos voluntarios son igualmente hijos de soldados (ex castris). Estos factores acentúan las divergencias entre los diferentes ejércitos romanos, lo que, en el siglo siguiente, será motivo de problemas notables. Única excepción a esto es que los cuerpos auxiliares, menos controlados, están acantonados lejos de sus hogares.

El ejército romano de esta época está en efecto dividido en dos grandes grupos: de un lado las legiones, del otro los cuerpos auxiliares. Estos últimos se organizan en cohortes de 500 de infantería, reclutados de manera exclusivamente regional, aunque combaten a la romana y con comandantes romanos. Los soldados son peregrinos y obtienen tras 25 años la ciudadanía romana.

A un lado de los auxiliares, las nuevas unidades "bárbaras" hacen su aparición con Adriano: los numeri (numerus en singular). Son unidades militares que combaten a veces con comandantes indígenas, que conservan sus propios dioses, lengua, y no reciben generalmente la ciudadanía con el compromiso. Su número es sin embargo reducido.


Las operaciones militares unidas a la política defensiva del Imperio a partir de Adriano precisan una modificación del uso de las legiones: en lugar de maniobrar con toda una legión, de torpe movimiento, se prefiere dividirla en grupos: los vexillationes (esto es, destacamento en español). Las hay tanto entre las legiones como entre los cuerpos auxiliares. Estos destacamentos son comandados por los praepositi (praepositus en singular). Sus misiones son temporales.





Los últimos coletazos de una política ofensiva:

Tras la Segunda guerra púnica, Roma no ha dejado de expandir su territorio, conquistando la Galia, Egipto y demás. Esta política ambiciosa disminuirá lentamente durante los Julio-Claudios y los Flavios, sin cesar del todo. (anexión de los estados vasallos en época de Augusto, conquista de Britania entre otros).

Con Trajano, el Imperio conoce sus dos últimas campañas de conquista y anexión de gran envergadura —dejando aparte las ensoñaciones de ciertos emperadores como Caracalla—; la política se tornará defensiva hasta el final. Es por esto por lo que además se considera con frecuencia que Trajano fue el último gran conquistador de la Antigua Roma.

Conquistador lo fue con seguridad, pero como recalcaba Plinio el Joven, no temía a la guerra aunque no la buscaba.


Las guerras dacias:


En 101 el rey Decébalo, vencido ya por Domiciano, urdió una trama de alianzas con los Roxolanos y los Bures. Trajano reaccionó rápidamente poniéndose a la cabeza de una docena de legiones (sobre un total de 28, una cantidad apreciable). La guerra fue rápida, y el derrotado Decébalo abandonó el Banato arrasando sus fortalezas.

En 105, Decébalo ataca el Banato para retomarlo. Es esta la segunda guerra dacia, que resulta bastante más compleja que la primera. Al final de la campaña, Decébalo se suicida y Trajano incorpora la Dacia al Imperio. Además de tener en su poder las minas de oro del país, esto supone la posesión para el Imperio de un puesto de avanzada en Europa central en una época en que los primeros revuelos de las grandes migraciones comienzan a notarse. La Dacia, bien defendida, constituía una protección muy interesante de la Mesia y la Panonia. Trajano sabía que los pueblos del corazón de Europa (Godos, Suevos) se agitarían; pero lo pensara o no, no quita que fue una decisión muy pertinente.

 

Vista de los restos del Muro de Adriano (limes britano) en el norte de Inglaterra.
La obra defensiva de Adriano:
El limes, la clave del sistema defensivo:

Es con Adriano cuando el limes (en plural limites) adquiere el valor defensivo que no había tenido antes. Designa en efecto las inmediaciones al límite, no fijado, del territorio romano, e igualmente una línea para el ataque y contraataque, con rutas que se internan en territorio enemigo.

 El limes se hace defensivo a partir del momento en que no designa ya un límite no fijado sino una frontera que sirve de defensa contra los bárbaros. Así el limes se convierte en separación entre el mundo romano y el bárbaro, la civilización y la incultura, lo que le confiere un valor moral. Como debe defender al Imperio contra los enemigos, se dota al limes de defensas, escalonadas, con campamentos y una ruta de desvío que permite llevar rápidamente a las tropas a un lugar amenazado. A estos valores defensivos y morales conviene unir un tercero: en periodo de paz, el limes es una zona de paso para los comerciantes, donde el ejército los protege o establece puestos de aduana.